miércoles, 15 de abril de 2020

LA OFRENDA






No recuerdo mi edad en aquel momento, pero nunca olvidaré su cara aunque no lo haya vuelto a ver.

Fue una amistad de esas que surgen de una tarde de copas y soledad. En el centro de Madrid, dando un paseo hacia ninguna parte. Mis pies de forma automática me llevaron a los soportales de Aurrerá. Había un local nuevo y el portero me invitó a entrar y a la segunda cerveza. Solo había hombres dentro. Pensé tomarme las cervezas y largarme. No por nada en especial, pero nunca me han atraído los lugares sin alguna fémina donde distraer la mirada.

Pero mi compañero de barra comenzó a darme la chapa. Sobre lo que había en televisión....no recuerdo bien. Me invitó a otra cerveza.....El caso es que acabamos en el cuarto de atrás del bar junto con otros cuantos parroquianos.
Era una reunión pequeña en un cuarto angosto. Todos parecían conocerse. Mi amigo me presentó como si fuésemos colegas de toda la vida. La habitación era agobiante, tan estrecha que podría decirse que era un pasillo. No entendí muy bien para qué, pero el caso es que fui elegido para algo al día siguiente.

Estaba mareado, mi acompañante se ofreció a llevarme a casa en su coche y yo lo agradecí, aunque prudentemente no le di la dirección concreta. Nos despedimos quedando en el mismo lugar al día siguiente al amanecer.

Por la mañana cuando salí de casa me estaba esperando en la esquina de mi calle.  Inmediatamente me ofreció un chupito de aguardiente que acepté. Estaba bueno. Dulce y fuerte. Sabía a licor de ortigas. Por el camino me fue poniendo al día. El pueblo donde íbamos estaba apartado y tenía algunas cosas curiosas. Por ejemplo la alimentación. Siempre  se comía lo mismo. Por la mañana se desayunaban huevos crudos de gallina. A media mañana una especie de potaje hecho con arroz, pimientos y una legumbre de la que no recuerdo el nombre junto con un tipo de tubérculo semejante a la patata.
A medio día no se comía nada. Por la tarde carne macerada en grasa de cerdo y hierbas aromáticas y siempre, siempre se bebía té por la noche.

Estuvimos todo el día en la carretera y llegamos al anochecer. La gente estaba dispersa en un campo con forma de estrella y rodeado por un muro enorme que impedía la visión desde el exterior. Un pájaro lo sobrevolaba haciendo círculos siempre en el mismo sentido. Había muchas mujeres, de todas las edades y vestidas de blanco. Y cada una de ellas llevaba un pajarillo en el hombro.  Un cuervo tironeaba el pelo a las niñas y cada vez que eso ocurría ella le daba un pedazo de comida de su plato. El pájaro iba engordando poco a poco y hundía el pico en las tazas, como si descargara sobre ellas su saliva.

Había un hombre sentado en el centro de la estrella y servidores que atendían a todo el mundo. pero ellos no se ocupaban de él. En un momento dado aquel hombre grande gordo y completamente hirsuto se levanto. Apareció una comitiva con instrumentos y plumas. Cantaban y reían. Yo estaba boquiabierto. Apenas tenía resuello para hacer ni decir nada. Mi amigo que había desaparecido hacía rato me aproximó un vaso de té  y ya no pude recordar nada hasta que me desperté con una música estridente y entonces el ambiente cobró más ánimo.

Me di cuenta que estaba vestido con una túnica azul y no tenía nada debajo. El cuervo estaba en mi hombro y graznaba. Las mujeres pasaban frente a mí y bajaban las manos hasta mis ingles y acariciaban mi sexo de forma brutal. Yo las sonreía y daba las gracias sin poder evitarlo, aunque mis pensamientos intentaban resistirse. Vi que las dos últimas de la fila eran niñas de no más de doce años. Mi ética y educación no podía por menos de resistirse a aceptar aquello. Se aproximaban y yo no paraba de sentir aquella excitación que reventaba mi sexo y seguía agradeciendo las caricias con sonrisas y besos. Entonces llegaron las púberes. Yo estaba a punto de dejarme ir de placer. Se levantaron la capucha, retiraron la capa y pude ver que no tenían cara de niñas, parecían hombres viejos en cuerpos de mujeres adolescentes. Una de ellas agarró con fuerza mi sexo y de un solo golpe de cuchillo la otra lo segó de cuajo con gran júbilo de toda la asistencia. El cuervo tomó el miembro y lo llevó volando al hombre que dirigía la ceremonia. Yo  grité, pero curiosamente no me dolió, sino que tuve un gran orgasmo e inmediatamente perdí el sentido.

No sé el tiempo que pasó. Escuché un graznido de cuervo. Cuando desperté en mi cama, bajé las manos a mi entrepierna y el pájaro aun estaba allí.





lunes, 13 de abril de 2020

DIARIO DE UNA FAVORITA



7 de Octubre.
Soy su favorita. Siempre me ha preferido, aunque mi piel se ha ido oscureciendo con el paso del tiempo y con el roce de sus manos y su lengua. 
En el harén somos siete de distintas medidas y grosores. Pero yo soy más alta y mi cabeza siempre sobresale del resto. En cada ocasión, su mano me elige la primera y solo si necesita otra en algún momento en que a mí me tiene ya pringosa busca una segunda paleta.
Somos todas de madera. El cocinero nos tiene desde hace infinidad de tiempo en un habitáculo redondo junto a los fogones. Yo lo he acompañado casi desde que era aprendiz y conozco la suavidad de sus manos, el perfil de su nariz y la dulzura de su lengua mejor que nadie. Sé como contonearme dentro de los caldos para que se mezclen los sabores como desea mi enamorado cocinero y he aprendido a acercarle a su boca aquellos sorbos de guisos y postres que quiere probar. Si es un caldo y acerca sus sensuales labios entreabiertos soplo fuerte hacia ellos para que salte desde mi boca a la suya el líquido caliente. Si es una crema, formo una pequeña nuez en el borde de mi barbilla para que la recoja apenas con la punta de su lengua de fresa. Si desea olfatear un consomé exhalo el vaho desde mis labios hacia su nariz afilada.
Formamos una pareja inseparable.
Creo que me quiere más que a María. Esa camarera flacucha y esmirriada con la que cada día lo veo tontear. Es cierto que a veces me pongo celosa, sobre todo en esas ocasiones que los pierdo de vista cada mañana porque se tumban en el suelo y los oigo resoplar. 
Pero siempre cuando se acerca el medio día vuelve a mí y su lengua y sus manos son míos.
10 de Octubre
Hoy ha venido una nueva compañera al harén. Es de color verde y es pegajosa, regordeta y blandorra. 
La ha metido entre nosotras la nueva pinche. No os he hablado de ella. Tenemos una aprendiza en la cocina. Es rubia de una risa constante que exaspera. Imagino que se disgustó conmigo porque ayer la muy pava quiso usarme para probar ella una sopa, me arrimó a sus labios y yo soplé con tanta fuerza que todo el liquido ardiendo cayó sobre esas grandes tetas que asoman por el delantal. No creo que duren mucho. Está claro que a mi cocinero lo que le gustan son las cucharas y espátulas de madera y la verdad la nueva tiene un tacto un tanto desagradable y blandorro.
21 de Octubre
Hace una días que no tenéis noticias mías. Ya lo sé, pero es que estoy un poco enfadada. Mi cocinero y María no dejan de discutir y ya no se dan besos ni arrumacos. Por un lado mejor, porque ya no siento celos de ella. Creo que a su relación le queda poco.
Por lo que estoy preocupada es por la nueva. Cada vez está más por la cocina y muchas veces es la que se encarga de probar los guisos. Menos mal que no me usa a mí, sino a la nueva de plástico. Qué asco que te chupe con esos labios tan carnosos y pintados. Y luego casi mete el pecho dentro de las cacerolas de grandes que los tiene.  Mi cocinero sigue prefiriéndome a mí y aunque ahora solo prueba los platos al final, siempre está contento y felicita a la nueva. Hoy hasta le ha dado un beso.
1 de Noviembre
Hoy María ha llegado dando voces a la cocina. Le ha gritado a mi amado cocinero y se ha ido con un portazo enorme diciendo algo como “¿Es que a los hombres solo os gusta la silicona?”. No he entendido lo que ha querido decir la verdad. Mi cocinero se ha sentado un poco serio. Pero se le ha pasado enseguida cuando ha llegado la pinche.
Todo han sido sonrisas. Me he enterado que se llama Ana a fuerza de oír la voz de mi amado repitiendo: “Ana, Ana, Ana, pero Ana......”.  Entre tanta risa, se han caído al suelo como pasaba con María y después de un rato largo y muchos gritos, Ana se ha levantado colocándose el mandil sobre las tetas que se le habían salido, supongo que de esas carcajadas tan fuertes que tiene. Después ha dicho que lo que ha pasado es lo mejor. Y que un cocinero como él, no podía estar en una cocina tan anticuada y mugrienta como aquella, que tenía grandes planes para el restaurante.
Nos ha mirado con cara de asco y ha exclamado: “Por ejemplo, estas cucharas viejas de madera, son antihigiénicas, hay que cambiarlas por otras más modernas de silicona·”
Y eso fue lo último que escuché antes de caer en la oscuridad del cubo donde, tras sacar su cuchara verde, ha arrojado nuestro cesto con todo el harén de madera.
Ahora entiendo lo que dijo María. 
Yo también odio la silicona.

domingo, 12 de abril de 2020

INSOMNIO. EPISODIO CERO.




Hoy debería ser el primer día de primavera a pesar de la fecha. 

Quién puso fecha a las estaciones y nombre. Quién dijo que los días de las estaciones están seguidos. Debería ser distinto. Que cada día la radio de cada ayuntamiento dijera algo como “Buenos días, hoy es el trigésimo cuarto día de verano, todos tenemos vacaciones y podemos ir a la playa”. O "Bienvenidos al Otoño, es el momento de la añoranza y la melancolía".

O quizás mejor aun, que cada uno decidiera. Llamar al trabajo y decir al jefe “Buenos días, hoy es el peor día de invierno, ha nevado y no puedo ir a trabajar por la nieve” y quedarse en casa con tu amorcito, al lado de la chimenea abrazado en el sofá.

Quizás se acumularían al final los días de trabajo, o quizás no. Cada persona con su propia estación rodeándole. Cada ser vivo. Cada pájaro. Cada insecto. Cada planta.

Pienso que estoy imaginando algo que ya es. Algo habitual. O no es cierto que cada uno ya va a su bola. ¿Hay alguien importante para alguien? ¿Soy importante para alguien? o mejor dicho, ¿alguien es importante para mí?. Es aquello de "¿A quién le guardarías el cerdo?". Creo que solo a mi hijo. Bueno creo que a toda mi familia. Qué tiene la familia. La familia tiene tu propia estación. Cada uno de los integrantes vive la primavera o el otoño de los demás. Padres e hijos. Aunque creo que los hijos no viven el invierno de los padres hasta que no tienen sus propios hijos. Eso al menos me ha pasado a mí. Nunca me he preguntado por los sentimientos de mis padres hasta que he padecido los sufrimientos de mi hijo en mi propia alma. ¿Por qué sufren los hijos? ¿Los hacemos sufrir nosotros? ¿De verdad intentamos corregirles tanto que hacemos de su vida un infierno de angustias y complejos?.

La vida es jodida y comienza con la niñez. Aunque luego la recuerdes mejor de lo que fue. Aunque quieras vivirla de nuevo, solo sirve para sentirte gilipollas. No haber aprovechado los momentos de tu vida. Y encima quieres quitárselos a tu hijo.

Pero bueno, el agua del río sigue corriendo aunque metas un pie en la corriente. Simplemente la rodea y te deja el frío de su cauce. Quizás te quite un poco de calor y te deje un poco doloridas las pantorrillas. Con los pies azules, ateridos dentro de la corriente de la vida. La lluvia comienza a mojarte la cabeza ya sin pelo y quizás dentro de poco sin piel siquiera. Como dice mi ahijada “que más da. Todo da igual tío. ¿No te das cuenta?. Lo vivido, vivido está". Como me dice mi perro con su mirada “el bocado que me comí hoy no me lo quitarán mañana. Y el pan que guarde para mañana, no sé si me lo comeré yo, pero seguro que estará duro”. No sé lo que quiere decir eso pero suena profundo.

Esta noche la vida podría acabarse. O quizás comenzar. Podría comenzar un nuevo ciclo. Una nueva estación. Volviendo al principio, podría ser un nuevo primer día de primavera.

Deberíamos volver a poder nacer. Eligiendo quien ser. Elegir ser mujer. Estaría bien. No debe ser lo mismo cambiarse de sexo, que nacer mujer. Supongo que los sentimientos, alegrías y angustias, tendrán otra forma. O quizás simplemente con nacer otra persona ya no sean lo mismo.

Porque yo creo que me puedo poner en el lugar de los demás, pero solo puedo imaginar lo que yo sentiría si estoy en su lugar. Nunca lo que ellos están sintiendo. Eso es lo normal.  Aquello de “tu rosa, quizás sea mi verde”. No sé. ¿Mi negro puede ser rosa para alguien?

Para gustos los colores. El negro es un color estupendo por ejemplo. No sé por qué tiene esa connotación tan mala. De hecho las cosas negras se quedan con todos los colores de la luz dentro. El blanco rechaza todos. Debería ser al revés. La luna debería ser negra y el cielo de la noche blanco. O quizás sea así. Todo es una cuestión física. De radiaciones. Del tipo de película con el que estás filmando el cielo. Cada planeta brillante. Cada estrella tiene un color, pero ahora sabemos que los colores no existen. Que es nuestro cerebro el que se los inventa. ¿Será así con todo?. Los sentimientos, el amor, el odio, el sufrimiento. Bueno, no todo. El hambre y el dolor son reales. O quizás no. Pero son salvadores. Si algo no te duele morirás. Si no tienes hambre morirás. Si no amas ¿morirás? Si no sufres ¿morirás?

Quizás todo lo que nuestro cerebro se inventa esté ahí para salvarnos la vida. La vida. Vaya palabra “La vida”. Al final la vida es eso.....tener hambre, sed, saciarte, sufrimiento, alegría, dolor placer, tristeza.
Alguna vez me gustaría ser amorfo. Ser una planta. Una piedra. Vivir o debería decir estar. Por los siglos de los siglos. Transformándote cambiando, pero ¿No lo soy ya?

Si nos centramos en la física y la química, las ciencias y leyes universales todos somos eso. Polvo de estrellas. Parte del universo infinito y atemporal.



sábado, 11 de abril de 2020

LOS ZAPATOS






Mamá murió pronto.

En tres palabras se resume todo mi dolor.

Hoy sé que el dolor es relativo y que es peor perder un hijo que perder una madre. Y que con tiempo todo se supera. Y que la vida es así. Y que igual que nacemos morimos. Y que ella fue feliz. Y que debo recordar los buenos momentos. Y que.....

Cuando pierdes a tu madre con ocho años no eres consciente de lo que sientes. No asimilas el agujero vacío que se te ha formado en el estómago. Dicen del corazón, pero yo los palos de la vida siempre los he sentido ahí, en la boca del estómago. No sé si a vosotros os pasa igual.

Me llamo Susana y hoy es mi cumpleaños número treinta y seis.

Ser hija de madre soltera en un pueblo en los años 60 puede ser duro. Pero yo solo recuerdo la felicidad junto a mi madre.  Quizás ella supo resguardarme de todo lo que pudo sufrir. Hoy he regresado y aquí estoy. Sentada en su cama y mirando ese rincón.

Siempre los dejaba allí al volver del paseo hasta el siguiente domingo. Se los quitaba, los cepillaba y los colocaba en el rincón tras las cortinas. Sus zapatos de fiesta. Los que yo me ponía para bailar después de que mi madre me hubiera peinado y vestido, y en tanto ella, sentada frente a su cómoda cantaba, se maquillaba y arreglaba.

Yo miraba su parsimonia. Nunca la vi desnuda, mis recuerdos comienzan con la combinación de satén color carne o negra, poniéndose las medias, abrochándolas al liguero, el colorete, el pintalabios, los pendientes, el vestido, el último cepillado del pelo... Siempre cantando. Incluso mientras acercaba su cara al espejo hasta casi tocarlo con la nariz, y se pasaba el carmín rojo brillante por sus labios. Yo la imitaba sacando los morretes como si la fuera a dar un beso.

Solo paraba de cantar, para pedirme los zapatos que yo había cogido de aquel rincón y dentro de los que bailaba trastabillándome en cada vuelta.

Esos zapatos.

Con 15 años intenté volvérmelos a poner, pero fui incapaz de tocarlos. 

Margarita, los limpiaba y los volvía a colocar cuidando que yo no estuviera presente. Pobre tía Margarita. Al día siguiente del entierro, la abuela le dijo que recogiera la ropa de mamá de la habitación . Cuando tocó los zapatos me puse a gritarle y a pegarle como una endemoniada. Bueno eso me contaron. Yo no recuerdo nada. Y los zapatos quedaron allí. Yo me quedé con la abuela y heredé la habitación de mamá.

Luego me fui a estudiar el bachillerato a Madrid. Después la Universidad. La abuela murió.  Un mal día conocí a Juan, me trasladé a vivir a su casa y dejamos de venir al pueblo. No sé como ocurrió. Creo que nunca lo he querido. Quizás me sentía fea, no deseada, mi última oportunidad, ¡qué sé yo!.

Durante cinco años aguanté todo de él. Su posesión, sus humillaciones, incluso algún golpe.... 

Bueno, esta parte de mi vida quizás os la cuente en otro momento. Ahora no viene al caso.

Lo importante es que ayer me enteré que estaba embarazada. Cuando el ginecólogo me lo confirmó volví a tener esa sensación de vacío en el estómago y por supuesto no le dije nada a Juan. Para ser sincera, ni siquiera sé si es suyo. En la cama junto a sus ronquidos recordé mi infancia  junto a mamá.  Y entonces me vinieron a la mente los zapatos.

Esos zapatos.

Casi de forma inconsciente me he descalzado, me acerco al rincón y los tomo en mis manos. Si pensáis que me tiemblan, estáis equivocados. Y mi estómago está pletórico. Ahora sí que es mi corazón el que late con fuerza. 

Me siento en la cama y me los calzo.

Tienen un poco de polvo, pero me quedan perfectos.


viernes, 27 de julio de 2018

ESTADÍSTICA


         Cubierto por una sábana verde, Juan temblaba nervioso en la camilla. La luz blanca y limpia de la lámpara médica le deslumbraba y casi no le permitía ver la cabeza de la doctora que le atendía.
         - Lo tuyo Juan es un problema de estadística. - Laura hablaba a su amigo de pie, mientras le quitaba el apósito de su ojo izquierdo.
          - No sé qué quieres decirme. - Contestó Juan.
          - Soy médico forense y entiendo de esto - A la vez que hablaba, Laura hizo un gesto de disgusto al ver el globo ocular dañado- Es posible que pierdas este ojo. Ya te lo dije. - Y continuó - La sociedad se rige por la estadística y la optimización de recursos.
           - ¡Ay! me molesta la luz. Sigo sin entender - Juan hablaba entrecortado intentando comprender lo que su amiga quería decir.
            - Mira - Laura se sentó a su lado apoyando su mano sobre la rodilla  del paciente - El cáncer es una enfermedad complicada, con muchísimos enfermos que la padecen. Eso hace que sea un filón para las farmacéuticas y para la sociedad. Se invierten millones en su investigación y poco a poco se avanza en su tratamiento. Cada euro invertido favorece a miles de enfermos. Sin embargo la Fibrosis Pulmonar Idiopática la padece solo 15 personas por cada 100.000 habitantes. Es poco visible y no se le dedica prácticamente ninguna atención. Sencillamente no existe.
           Juan puso cara extraña y se asustó.
            - Pero ¿yo tengo eso además? - Casi gritó mientras las lágrimas salían tanto del ojo sano como del abrasado por la sosa.
            - No, no. Pero tu caso es igual ¿me entiendes? - aseveró Laura.
            - ¿Quieres decir que nadie va a hacer nada por mi? ¿Que tengo que aguantar lo que ella me haga hasta que un día me mate? ¿Que yo no existo?.


domingo, 18 de febrero de 2018

UN PARAÍSO ENTRE LOS PECES.

     Bucear en el lago que había junto a la casa a su lado, fue lo único que recuerdo bello y sosegado de mi vida. Te acostumbras pero no descansas. La vida en el límite devora el tiempo y el cerebro. Llega un momento en que el deseo de parar es mas fuerte que el de vivir.

— Sam, por nuestra amistad. — Me descalcé y me senté en la silla que me ofrecían— ¿Puedo pedirte un  favor?.

— ¿Si está en mi mano Jonny?

     Noté el agua fría sobre mis pies ya grises.

—  Si entras en la casa en el armario del porche hay unas gafas y una botella. La última vez la dejé sin oxígeno. Tu sabes como llenarla. 

— Vamos Jonny deja ahora eso.

— Solo quiero que me lo pongas. Quiero ver de nuevo el paisaje del fondo del lago.

Sam hizo un gesto de disconformidad mientras removía el barreño.

 — Por favor Sam me lo debes. Recuerda cuando eramos jóvenes. Nuestras juergas por los antros de Chicago. Cuando nos juramos amistad eterna.

     La presión en los dedos de los pies se hizo mas fuerte. Los tenía helados y me dolían. Sam se puso en pie con el rostro triste.

— Esta bien.  Dime una cosa Jonny, ¿Mereció la pena? ¿Por qué con la chica del jefe?

     Quedé pensando en el último año junto a ella. Estuve callado mientras Sam llenaba de oxigeno la botella de buceo. Mientras me la colocaba en la cara respondí:

- Si Sam. ¿Sabes? Creo que sentí eso del amor. Mereció la pena.

      Sam asintió y dejó la botella en mi regazo.

 —  Me alegro Jonny. El cemento ya está duro.Tienes media hora de oxígeno... ¡Oye! Tu sabes que esto no es personal. ¿Sin rencores?

— Lo sé Sam. Sin rencores.

— Adios Jonny, hasta pronto.

    Tomaron la silla entre dos y me arrojaron desde el muelle. Con mis pies aprisionados en aquel barreño lleno de cemento, caí rápidamente y quedé torcido en el fondo de roca. La paz y el silencio me rodeaban.

     Y entonces la vi de nuevo nadando desnuda delante de mi, entre el banco de peces plateados.

viernes, 16 de febrero de 2018

CIRCULOS

             




          - Con los pies a remojo mientras pescaban repetían día tras día las mismas historias. Yo era joven, los escuchaba y me reía de ellos...... De lo lento que hablaban......De sus pausas....... Cada mañana me compraban las lombrices, se sentaban aquí y repetían cansinamente sus cuentos de viejos....... Luego apareció  tu madre. Trabajaba en la residencia. Ella los traía y cuidaba de ellos junto al río.

              Mientras me contaba esto, mi abuelo se quedó mirando al horizonte con la vista perdida. De nuevo me confundía con mi padre. Siempre que venía a visitarlo lo hacía. Sonreí, puse mi mano sobre la suya tan arrugada y le levanté la caña. Besé su mejilla de piel de cebolla y él me miró con los ojos lacrimosos.  Ahora me contaría lo del pez.

... ...


               - ¿Sabes?...... Hoy no pican, pero una vez pesqué aquí el barbo más grande de la comarca.

martes, 28 de noviembre de 2017

ARMARIOS VIEJOS

        Cuantos paquetes se guardan en un viejo armario. Parece mentira. Toda una vida para meter cosas y nunca un minuto para sacarlas. A Lucinia le rodaban las lágrimas mientras buscaba las pastillas de dormir y la botella de ginebra bajo las bolsas de ropa amontonadas.

        Sonrió al ver su letra infantil en los versos grabados en su madera interior. Recordó los cuentos de mamá y miró por el suelo de la habitación lo que fue ese armario y su vida desparramada: 

        Aquel mueble fue su casita de chocolate, coche de cenicienta, hogar del cerdito trabajador, tripa del buey que se mueve donde no nieva ni llueve, confesionario de primera comunión, escondrijo para su diario, para sus confidencias con su mejor amiga Juanita, para sus cartas de amor infantil, rincón de lágrimas adolescentes, las del primer desengaño, escondite de aquel chico que llevó a casa,  refugio en sus  peleas con papa, agujero para su paquete de tabaco, las revistas de actores, las medias de seda y las bragas de encaje, la percha con el vestido de luto para mama, su primer contrato de taquillera del metro, el traje de boda, el cajón de la ropita del niño, de los pañales de papa (pobre, que vergüenza le daba), los regalos de reyes, la toga de graduación de Juanito, la carpeta de los papeles del divorcio, de las cartas de Juanito desde América con su padre, del testamento de papa, los documentos de la jubilación, los álbumes de fotos sepia manoseadas, el grueso paquete de sobres con ribete negro (pobre Juanita), el historial clínico....

        Volvió la cabeza y suspiró. Su Mariquita Perez se veía muy sola en aquella gran cama fría y púlcramente hecha. La tomo en sus brazos.

        Estiró el papel arrugado de la mesilla y leyó de nuevo las últimas palabras del diagnostico: 

.... fase avanzada.


        Cerró el armario por dentro y se acurrucó en su rincón preferido. Seguía oliendo a lilas.

viernes, 10 de noviembre de 2017

EDEN

     "¿Qué será lo que le ponía su madre?". Aquel novato de Acnur, miraba a un niño desnudo sobre la mesa. A su madre la enterraron por el camino, en algún lugar de Grecia, cuando ya se pensaba a salvo tras cruzar el Egeo. En Europa, donde la gente es compasiva y bondadosa.

     Y el bebé quedó dentro de aquel cajón que hacía de cuna, hasta llegar al campo de refugiados. Y luego otro día entero hasta que empezó a oler en el carro de los equipajes.

 - ¿Nadie lo oyó llorar? - Pero en Idomeni los llantos son como el viento sobre las hojas en un bosque. Un ruido de fondo que nadie escucha.

     Fue la novatada. Con lágrimas en los ojos, inquirió a su jefe. - Vamos, no podemos enterrarlo desnudo.

     - No te preocupes chico. Ya hemos avisado. - Aparecieron dos policías con guantes y mascarillas. Sin mediar palabra metieron el cuerpo y las ropas en una bolsa negra y salieron de la tienda tranquilamente. Hacía tiempo que por allí ya no iban periodistas.


lunes, 19 de junio de 2017

NO APTO

           



            - ¿Y por qué yo no?. 

           Madre siempre te pones en el lado negativo conmigo. Sí, y lo sabes. Si fuera mi hermano seguro que no te ponías así.

            Mira al hijo de la Nati. A ese lo han cogido para el equipo, no sé por qué a mí no me pueden seleccionar. Yo soy más fuerte que él. Mira, a veces nos hemos peleado y siempre le he dado una buena tunda.

            Ya. Ya sé que para el fútbol no es solo fuerza lo que se necesita madre, pero yo también le doy bien a la pelota. No sé si lo sabes, pero en el recreo del instituto nunca me dejaban para los últimos cuando echaban a pies para hacer los equipos...Y por algo sería.

            No empieces con lo de que estoy gordito.... Quizás sea verdad, pero ya se lo he dicho al entrenador. Que en un par de meses puedo perder diez kilos. Sí, no te rías tu también. 

            ¡Claro!. Claro que hablé con el entrenador. ¿Qué te crees?, ¿que hago las cosas a lo bruto?. Lo que pasa es que él no me hizo ni caso. Cuando hicieron las pruebas no estuve ni cinco minutos en el campo. Enseguida me cambió y no me dejó ni tocar un balón. Y con aquella risita..... Aquella risita suya ha tenido mucha culpa. Es que me sacó de quicio.

            ¿Y que querías que hiciera?.... Yo solo quiero que oiga mis razones. Que sepa que puedo adelgazar y que me vea como toco el balón. Y sobre todo que daría cualquier cosa por el equipo. Solo quiero sentarlo frente a mi y que me escuche.

            Madre, tu siempre me dices que hay que tener imaginación para conseguir las cosas que queremos. Y ahora me bienes con que está mal.

            Pues claro que sé que no está bien. Madre que ya tengo 18 años. Pero no pude evitarlo. Era la única forma, y cuando lo vi allí solo en el vestuario, me vino su risa burlona a la cabeza y no lo pensé.

            ¿Pues como lo voy a hacer? Le golpeé con un taburete por detrás. No, no me vio nadie, ni siquiera él. Menudo es de grande. No veas cómo me costó arrastrarlo.

            Pero madre.... 

            Está bien. Vale. .....Lo llevaré a su casa y lo dejaré allí. Sí, en el jardín y sin que me vean.

            Que no madre. ¿Te crees que soy tonto? He dejado el maletero un poco abierto para que respire.....Vamos ¡No creo!.

            ....

            ¡Madre! Pues tenías razón. Habrá que encender el horno.

domingo, 4 de junio de 2017

LAZOS ROTOS

 Me sorprendió el sonido del ladrillazo en su cabeza. Fue distinto de las otras veces. Supongo que por la ausencia de pelo. Pero sonó como hueco. Me recordó a mi padre cuando comprobaba la madurez de una sandía en el puesto de la rotonda.

     Me dejó tan sorprendida, que no pude evitar arrodillarme y golpear su coronilla calva con los nudillos.  Suena como un coco vacío, pensé. Tuve que levantarme rápidamente, el charco de sangre densa se extendía como la lava alrededor de aquella cabeza brillante.

     ¡Los hombres son tan predecibles!. Solo tienes que decirles que te aprieta el zapato para que se arrodillen delante e intenten tocarte la pantorrilla. Y tienen unas manías. A éste le dio por acariciar el lacito de brillantes entre mis dedos. Creí que me lo arrancaba.

     Miré de nuevo a ambos lados del callejón. Todo oscuro y deshabitado. Que incomodidad caminar con tacones por estos callejones empedrados.

     Por fin en el camerino. Realmente estos zapatos son terribles. Con estas cintas de brillantes que se clavan en el empeine.

     - ¡Ninet!. ¿Puedo pasar? - Es la voz del utillero, tan chismoso como siempre. Primero mete la cabeza y luego pregunta  - el productor me envía a por los zapatos. Qué manía tiene con que son muy valiosos y que no se me despisten. ¿Sabes? Han encontrado al duque de San Esteban muerto en el callejón. Hay un lío de policía que ni te cuento. Bueno me voy, a ver de qué me entero.

     El gran duque de San Esteban. Un baboso como todos. Otro que ya sabe que "no es no".

     - ¡Ninet por Dios!. - Otra vez éste. Que querrá - ¡Ninet! Has perdido el lazo de brillantes del zapato izquierdo.

martes, 30 de mayo de 2017

REENCUENTRO

     


     Acurrucado tras el periódico al fondo del vagón, observo ansioso a los que suben. 

     ¡Lo sabía!. Siempre linea C5,  Villaverde-Alto, 7 de la mañana. Era una mujer de costumbres y no va a cambiar a los 53. Y sigue teniendo unas pantorrillas preciosas.

Conversa con el niño. Aun puedo imaginar su voz. Cómo no, si compartimos casi 27 años.

Se la ve algo más vieja pero sigue siendo guapa. La cicatriz en la mejilla la estropea un poco, aunque casi no se nota. Será por el maquillaje o se habrá operado  la muy zorra. 

Parece nerviosa. Quizás le han avisado de que ya he salido.

martes, 9 de mayo de 2017

REFLEJO 12 - PRIMER RECUERDO DEL OTRO.

Mi padre deja los tomates verdes de su huerta en el "sobrao" de su casa. Allí se maduran y se ponen rojos. Hacía tiempo que no subía por allí.

Al fondo está, con su pintura descascarillada, el antiguo lavabo de la casa. El de antes de que tuviésemos cuarto de baño. Un pequeño mueble de palo de no más anchura que una silla, con una palangana de porcelana a la altura de las manos, que desaguaba en el cubo de la parte de abajo y sobre él un espejo.

Limpié sus telarañas y entre los desconchones del azogue apareció la cara de mi hermano y la mía con apenas 10 años. Riendo a carcajadas y mirando hacia abajo. Hay agua en el lavabo. Estamos jugando salpicando con unos palitos.... 

No. Hay algo más. Anoche dos ratoncillos debieron caer en esa pila con el tapón puesto y con un resto de agua. Tan resbaladiza y profunda para ellos como la alberca de la huerta para nosotros. 

Con los palitos les sumergimos la cabeza dentro del agua. Los animalillos intentan zafarse y saltar. Pero una y otra vez resbalan. Miro al espejo y me veo disfrutar, río cada vez que el desgraciado fracasa. 

En el reflejo, detrás de nosotros, aparece mi madre diciendo algo. Es domingo y tengo que ir a la iglesia. Me fijo que estamos vestidos de primera comunión. Me veo volver la cabeza y adivino un “Ya voy” en el movimiento de mis labios. Ahora no sonrío. Tomo mi palito con más cuidado y atrapo la cabeza del ratón fuertemente contra el fondo. Las patas delanteras se agitan durante unos segundos y después queda quieto. Miro al espejo y me veo alejarme hacia el sol que entra por la puerta de la calle.
... ...

La voz de mi esposa me saca del letargo.

-        José bajas con los tomates o qué.
-        Ya voy.

domingo, 7 de mayo de 2017

LO COTIDIANO.

"Lo que nos es familiar se convierte en invisible" (Augusto Boal).



          Gracias por habernos creado dentro de vosotras (que se dice pronto). Gracias por habernos parido (que se dice pronto). Gracias por habernos alimentado de vosotras mismas (que se dice pronto). Gracias por vuestras nanas de madrugada, por vuestra lágrimas, por vuestras sonrisas, abrazos, consuelos, comidas, por comprarnos calzoncillos y calcetines sin nosotros pedirlos, por plancharnos la camisa que queremos a última hora del sábado, por aguantar las malas contestaciones, por convencer a papá para que no nos castigara, por no reprocharnos que no llamamos por teléfono casi nunca.... Gracias por querernos más que a vosotras (que se dice pronto).

(Día de la madre 2017)



miércoles, 26 de abril de 2017

LÍMITES

         


                     Esta noche no corro. Esta noche no miro nervioso a mi alrededor. Esta noche no me asusta que el despertador marque las ocho de la mañana.

            Al contrario, el brillo del agua sobre el empedrado me tranquiliza. Camino por el bordillo de la acera con la cabeza baja, intentando no caer en el reguero torrencial de agua que fluye a mi lado, mientras las gotas de lluvia limpian la sangre de mis brazos en cruz.

            Me gusta hacer equilibrios sobre los bordillos. Mi padre siempre me regaña por ir al borde de la carretera.  Pero ahora no está y canturreo tranquilo, “...que si....que no... que caiga un chaparrón....”. La gente me mira y se aparta. Ya soy libre .....

            Al final de la calle caigo en brazos de la madre de mi niñez, que me canta una nana mientras me cubre las heridas de las muñecas.

– Mamá, ¿sabes?.... ya no se ríen de mi en la escuela.



miércoles, 29 de marzo de 2017

HORARIO DE OTOÑO.

Ya no llevo reloj....
Me hacía llagas en la muñeca.
Hace años lo abandoné en un lavabo de mármol negro.
Desde entonces...
Como si tengo hambre.
Duermo si me canso.
Y cuando quiero escribir, me desvelo.
De las ruinas que quedaron, junto a Ella reconstruyo otro trecho.
Cuando el deseo se inflama y me despierta
prendo los segundos en los zarzales de su cuerpo.
Y si los gemidos nos desperezan
hacemos que la noche amanezca....
y que el día se apague, si nos queda sueño.

Sin tic tac.
Solo nuestra respiración.

Sin amos.
Sin tiempos.

sábado, 25 de marzo de 2017

CONTRASTES ( o la paja del ojo ajeno)

            A sus 54 años, Antonio era un hombre recio, pero liberal y abierto.  Le gustaban las tradiciones y la cultura y aunque en paro desde hacía tres años, estaba como vulgarmente se dice "en el mundo", leyendo la prensa y saliendo habitualmente con su cuadrilla de amigos.

            Cada mañana llegaba al parque sobre las doce del medio día, después de arreglar la casa y dejar preparada la comida para los cuatro integrantes de su familia. Gracias a Dios su mujer conservaba su empleo como funcionaria de correos y los dos hijos varones de 17 y 15 años acudían al instituto cercano, sin problemas para superar sus respectivos estudios.

Hoy Antonio se sentó en su banco habitual, frente al lago, a la sombra de un castaño. Saco su "tablet" y comenzó a leer en ella uno de los cuatro periódicos que seguía habitualmente. Cuando llego el señor Luis, lo encontró así, mirando la pantalla, moviendo la cabeza en señal de negación y con un gesto de frustración en el rostro.

- Buen día Antonio.  - Saludó mientras se sentaba a su lado.

- Hola Señor Luis - Antonio trataba de usted a su amigo, aunque se conocían hace tiempo y se trataban casi a diario. La diferencia de edad era evidente y a pesar de que nunca le había preguntado por ella, estaba claro que ya no cumplía los 70.

- ¿Qué te pasa que miras ese chisme con esa cara?. - inquirió el recién llegado -Más líos de política supongo. No te hagas mala sangre. Entre ellos siempre acaban poniéndose de acuerdo.

- No que va Señor Luis. Aunque supongo que todo tendrá que ver. Estoy decepcionado con los jóvenes. Incluidos mis hijos ¿eh?.

El señor Luis hizo un gesto de extrañeza, interrogando con el gesto, pero sin emitir ninguna palabra.

- Estoy leyendo - continuo Antonio - que ayer domingo se juntaron en la Puerta del Sol cientos de chavales para cazar pokemon. Los dos míos se fueron allí. Y eso que teníamos pensado desde hacía meses que saldrían conmigo al campo, a la finca que nos invito aquel amigo ricachón de nuestro pueblo.

- ¿Cazar en la puerta del Sol?.- Don Luís se extraño.

- Es un juego con los teléfonos móviles. - Aclaró Antonio pensando que el Señor Luis no lo entendería por mucho que intentara explicar.

- Ah, eso. - sonrió el Sr. Luis - Ya me estuvo enseñando mi nieto Julito. Un bicho amarillo que se ve en la pantalla subiéndose por cualquier lado. Menudo lío montaron mis nietos hace unos días en el pueblo. Bueno y alguno de mis hijos aunque tiene más de 30. Se reían como locos e iban corriendo de un  lado a otro como si el teléfono tirara de su brazo y no pudieran resistir. - Y mientras decía esto, extendía su brazo hacia adelante como si alguien estirara de él.

Ahora Antonio cambio el sentido de movimiento de su cabeza y se convirtió en una afirmación.

- Eso es. Precisamente eso estaba pensando. ¿No le parece una insensatez?. Cazar poquemon. Ni leer libros, ni ir al teatro, ni escuchar música.....¡cazar poquemon!. Que nos quedará por ver.

- Hombre digo yo que una cosa no quitará la otra. - Intento mediar el señor Luis.

- ¿Cómo que no? - Insistió Antonio - Si los llevas a cualquier sitio, al cine, al campo, a ver un museo y no dejan de mirar la pantallita.

- Eso es verdad, eso es verdad...- Se convenció el señor Luis. - Además todo con violencia y peleas. Mis dos nietos más jóvenes, se pasaron la comida contando como uno le había arrancado la cabeza y las piernas al otro en una pelea por atrapar un bicho de esos.

- Bueno, esa es otra - confirmo Antonio - Viene aquí un video de esa reunión de la Puerta del Sol, en la que varios se pelean por conseguir un poquemon que vale más puntos. Al final gana un chaval que tiene mejores armas que los demás. Todo se resuelve con batallas y armas.

- Luego que hay violencia y que no saben llegar a acuerdos - lamento el más viejo. - Y entonces ¿te quedaste sin estrenar la temporada? Con lo ilusionado que estabas.

- No, no. Ni hablar. Hasta ahí podíamos llegar - se mostro duro Antonio - Yo me fui a Guadalajara como tenía previsto. Además ya había quedado con mis amigos y a los perros les hacía falta salir.

- Y que tal se te dio. El viernes se te veía ansioso.

- Pues regular la verdad. - Antonio hizo un gesto de resignación - Había mucha gente y bueno el día se dio bien, pero perdí dos perros, uno de ellos el mejor que tenia.

- ¿Y eso?

- Pues ya ve. Aunque el coto es enorme, había mucha gente y con los perros y todo, era un caos. Por suerte yo me conozco aquel coto perfectamente....

- Si ya me contaste que ibas desde muy joven -

- Si, - Y Antonio miró hacia el cielo - Mi padre, que en gloria esté, me llevaba allí ya con trece años. Él ya era perrero y me inculco esa afición.

- ¡Qué tiempos sin tanto teléfono!. - Añoró Don Luis.

- Si.... Bueno pues el caso es que cogí a mis amigos y todos los perros, nos metimos en la furgoneta y nos fuimos a la zona más agreste. Allí es difícil llegar si no conoces los caminos y además las mejores piezas se refugian allí cuando oyen tanta algarabía. Soltamos los perros y enseguida salió un cerdo enorme. Con tan mala fortuna, que el primer tiro que le pegó uno de los tiradores, solo le alcanzo una pata y pudo huir.

- Vaya.

Antonio continuó con cierta emoción:

- Los perros lo persiguieron y lo acorralaron contra unas rocas y unas zarzas, pero el cabrón del jabalí, enganchó con los colmillos a dos perros y los reventó. Cuando llegamos y lo rematamos, uno de ellos estaba desangrado y el otro con las tripas fuera, aunque pudimos coserlo y se recuperara.

- Entonces solo perdiste un perro.

- No. Que va. - Y Antonio levantó  su mano abierta sobre la cabeza con frustración - A otro nuevo, que llevaba la primera vez, tuve que sacrificarlo allí mismo. En cuanto escucho el primer disparo, se asusto y salió huyendo. Si te sale un perro así es mejor ahorcarlo en el acto. Nunca harás carrera de él para cazar.

- Ya . Pero bueno, son cosas de la caza ¿no? - Encogió los hombros el Señor Luis.

- Si, si. La verdad es que fue un día para recordar. Y la cabeza del bicho impresionante. Aunque no sé si tendrá arreglo. Recibió tres disparos y quedo un tanto deteriorada. La he dejado en el taxidermista a ver si puede hacer algo.

- Esos bichos quedan muy bien en la pared y luego sirven de recuerdo ¿Verdad? - Dijo el señor Luis.

Antonio asintió y continuo.

- Y usted que tal ¿Fue a la feria?.

- Pues lo intente - Pero no pude entrar-

- Anda....

- Pues es que.... tonto de mi. Quise llevar a mi nieto, Javier, el de mi hijo menor....Le conoces de un día que vino conmigo aquí. Hace ya dos años.

- Uno rubito, delgadito...

- Sí, bueno, ahora ya tiene 14, ha dado el estirón y ya no es tan finito...- Pues cuando quise sacarle la entrada, resulta que no dejan entrar a menores de edad sin la autorización de sus padres. Y claro yo solo soy su abuelo.

- Anda ¿y eso?

- Pues que dicen que los toros es un espectáculo violento para niños.


- Lo que hay que oír - Contestó Antonio moviendo negativamente  cabeza.